Me platicó mi abuelo, Macario Armenta, que en los 60’s en el mercado Garmendia, había dos puestos que vendían jugos y súper licuados (2 frutas, avena, salvado y huevo) uno enfrente del otro. Don Juan, el dueño de uno de los puestos se dio cuenta que a Don Nacho, su competencia de enfrente, a media mañana tenía que ir a comprar otra cartera de huevos porque se le acababan.
!Un día mientras Don Juan abría el local muy temprano, se le acerca a Don Nacho y le pregunta: Nacho, ¿Cómo le haces para convencer al cliente que le agregues huevo a su licuado?, a lo que Don Nacho le contesta con otra pregunta: Juan, ¿Cómo le ofreces al cliente el licuado? -Pues, le pregunto si gusta que le agregue huevo a su licuado, y casi siempre me dice que no.
– Ahí esta la cosa! Le dice Don Nacho, – Cuando le estoy preparando el licuado al cliente le pregunto: ¿Su licuado lo quiere con uno o dos huevos? Y el cliente casi siempre me pide que solo le agregue uno.
¿De qué forma le estas ofreciendo tú producto o servicio al cliente? ¿Dejas espacio para que el cliente diga que no? Es importante que todos los que estemos enfrente de un cliente, tengamos los argumentos para asegurar una venta, posiblemente tu la sepas, ¿tus colaboradores la saben y sienten como tú? ¿Los has puesto a prueba? Si es así, ¿Por qué es más fácil para ti cerrar una venta que a ellos? Revisa tus procesos, seguramente vas a encontrar una forma de mejorar y aumentar tus ventas sin necesidad de aumentar el número de clientes, es decir, con la misma cantidad de clientes que recibes ahorita, aumentas tú promedio de venta.
Revisa tus ventas promedio por cliente actuales, cambia junto con tus colaboradores el proceso (no lo hagas solo, involucrarlos hace que se comprometan) y asegúrate que sigan el nuevo proceso y revisa de nuevo tu venta promedio, seguramente te sorprenderás. !inténtalo! que es lo peor que puede pasar?
Diviértete!