La inteligencia y la voluntad son las armas con que cuenta el ser humano para utilizarlas en su obligación primordial; perfeccionar todas las potencialidades, superarse.
Quien ya cuenta en la vida con un nivel determinado, tiene el derecho y el deber de superarse en el nivel que posee, con pena de estancarse y retroceder. En el combate de la vida quien no avanza, retrocede.
Cada uno cuenta con ciertos talentos que su conciencia y convicción deben llevarlo a superar y dar el brillo. Quien no se supera por la vía del trabajo honrado, equivale a aquel que teme perder sus talentos.
En el camino de la superación del ser humano maduro sabe cuando correr riesgos, y éstos sólo se justifican cuando el bien a alcanzar es mayor que el bien obtenible si no se corren.
La perfección integral del individuo sólo puede darse si junto a la elevación personal se da la superación comunitaria: ambas interdependientes y se influyen mutuamente. El objetivo debe centrarse en que el individuo perfeccione al medio por su acción, el medio apoye al individuo en su deseo y obligación de superación.