La solidaridad es una virtud por la que los seres humanos se auxilian mutuamente, reconociendo que unos necesitan de otros y que nadie es totalmente autónomo.
Las limitaciones propias del ser humano le hacen precisar de los demás. La solidaridad no debe solamente proclamarse, sino, ante todo, practicarse.
El ser humano maduro sabe lo que es auténticamente dar y reconoce, humildemente, lo que es recibir. La solidaridad solo puede ser practicada pro seres humanos verdaderamente completos.
La proclamación de la solidaridad puede convencer, pero el ejemplo de la práctica de la solidaridad debe motivar.
Quien no puede o no sabe ser solidario, corre el riesgo de transformarse en mezquino o de envanecerse. Solo por la vía de la solidaridad pueden ser los sers humanos y las asociaciones alcanzar su perfección y su auténtico sello.
Solo la solidaridad auténtica supera las barreras y vicios que fomentan el egoísmo.
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