El libre comercio es el patrimonio que los seres humanos tienen para lograr la superación por vía del intercambio.
Para el pleno ejercicio del libre comercio se requiere un amplio contexto de información y un espíritu ético sólido, basado en la justicia; todo ello unido a un alto nivel de profesionalismo.
Es igualmente licito y valido que los ejercitantes del libre comercio actúen individualmente, como constituido en empresas para llevar a los demás, bienes o servicios.
Los proveedores de bienes o servicios no deben ser objeto de demanda alguna por incumplimiento, porque el espíritu de responsabilidad debe cumplir siempre con las normas de calidad que ofrece. Solo los productos de calidad dudosa debieran tener necesidad de ofrecer garantía.
El crecimiento del libre comercio solo tendrá los limites que el respeto al derecho de terreno le fije o que la seguridad del estado le imponga.