En las empresas, cumplir con las especificaciones pactadas, con los tiempos de entrega, con los plazos de pago, con lo convenido, etc. Es cumplir con la promesa.
Las empresas están formadas por personas. Todas las personas tenemos dos características básicas: inteligencia y voluntad. Es con estas dos características que las personas para la empresa nos comprometemos a realizar ciertas actividades encaminadas al logro de los objetivos generales y corporativos.
La empresa, realiza a las personas que colaboran internamente con ella una promesa: un pago adecuado por el trabajo realizado y el desarrollo de las persona a través de la persona a través del crecimiento profesional dentro de la corporación.
A los clientes, la empresa les realiza una promesa: cumplir con las especificaciones de los productos o servicios ofrecidos en tiempo y forma; así como el realizar mejoras constantes a los productos o servicios para generad una mayor satisfacción a los clientes.
La empresa genera una promesa hacia los accionistas que consiste básicamente en generar las utilidades necesarias a largo plazo para que puedan generarse los dividendos por lo invertido, siempre en un marco ético y con la comunidad y sociedad.
Con los proveedores, la empresa se compromete y promete el pago de los productos o servicios en los tiempos pactados y convenidos entre ambas partes. Pagar los impuestos justos y los servicios de seguridad social y médica es también una promesa realizada a la sociedad, al país, a sí mismos. Sin embargo, en muchas empresas alrededor del mundo, nos gana la cultura del engaño. Engaño a mis clientes, les miento a mis colaboradores, engaño a mi proveedores y servicios públicos y miento a los accionistas. En suma, me miento y engaño a mi mismo como directivo de una organización.
Pero habremos de preguntarnos: ¿Por qué sucede esto?
Bajo estas premisas, ya no buscamos relaciones a largo plazo y entonces nuestra estrategias comerciales, financieras, de capital humano, de operaciones y empresariales estarán diseñadas a transacciones a muy corto plazo, en donde lo que se busca es el mayor beneficio posible financiero únicamente pase lo que pase, esto es inclusive mintiendo o engañando.
Hemos aprendido a admirar en las empresas a todas aquellas personas que logran los objetivos a pesar de que tengan que destruir vidas, dañar empresas, robar, mentir o realizar cualquier cosa por los objetivos individuales.
El individualismo ha hecho mucho daño a la estructura mental de las personas y por ende de las empresas. Ya no nos preocupa lo que le suceda a nuestros compañeros de trabajo, lo que pase con sus familias, lo que pase en su entorno; es más, en ocasiones ni siquiera sabemos cómo se llaman. Nos interesa solamente la contribución individual financiera que se puede medir y que ayuden al logro de objetivo corporativo pactado.
En fin… ¿Usted de forma individual y su empresa como ente social cumplen con la y las promesas emitidas?